Por lo general, no me gusta cambiar los billetes por monedas. No se si sea mamonería, pero simplemente las rueditas de metal no me van. No es lo mismo. O sease síiiiiii, en teoría es la même chose, el mismo valor, pero en la práctica es más pesado. Lo mismo pasa con la gente.
A lo largo de nuestras vidas recibimos una cantidad inimaginable de información nueva. Nos llega por todos lados (sin albur): la tele, la escuela, los amigos, el interneccccct… Recuerdo que en la prepa me enseñaron algo así como que el carácter es con lo que naces y la personalidad es lo que te haces. Y esta personalidad se va moldeando con las diferentes influencias, como las que ahorititita les mencionaba.
Imagínensensen que todos somos bolas de plastilina cuando somos chicos. Bolas a la merced de nuestros padres y el mundo que nos rodea. Algunas bolas son rojas, otras son azules y otras demasiado grises. Unas muy duras como esa plastilina fea de papelería barata y otras muy suaves como Play Doh. Al paso de los años va tomando forma esa bola y va adquiriendo su identidad propia. Unas bolas se moldean en figuras que destacan más que el resto, y si tienen un color agradable, resaltarán aun más. Y también existen las bolas se llenan de cachos de otras bolas, hasta perderse en una maraña irreconocible de plastas.
Sí me cacharon? No? Bueno, suficiente de analogías aburridas. >juro por Dios que en este instante, el buen @Luisfegs acaba de tuitear: "Al contrario de lo que se dice, la gente cambia constantemente, claro, siempre para bien…Not!"< Muy apropiado para la ocasión.
Y es que uno cambia de las formas más sutiles hasta a las más agresivas. Está comprobado [inserte referencia googleada aquí] que cuando se te pega un acento, es porque eres influenciable. En mayor o menor grado, pero influenciable. Me acuerdo de un wey que se juntaba con nosotros en la prepa que, un día podía decir que le gustaba melón; y al día siguiente sandía. Sólo por quedar bien. Esas claramente no son bolas de plastilina, sino bolas de lana de borrego.
A estas alturas de la vida donde nuestro libre albedrío supuestamente está más. Hmm. Cómo se dice. Consciente? influyen muchísimo las relaciones interpersonales. Y también los lugares en los que nos desenvolvemos, para que sigan habiendo dichos cambios. Hoy que vi a una de mis mejores amigas después de medio año de estar de viaje, fue impresionante la manera en la que cambió. Probablemente sigue siendo $1,000, pero no en un sólo billete, sino en 500, 200, 200 y monedas. O sea de chile mole y pozole. A veces es bueno, unas denominaciones caben mejor en algunas carteras. Pero otras veces, tanta monedita nomás hace que se te baje el pantalón. Como otro wey, al cual después de meses de una relación asquerosamente destructiva, lo dejaron hecho puras moneditas de 10 centavos, que nomás hace un chingo de ruido al caminar y comienza a molestar GACHO.
Seamos billetes. Ligeros, como el Hakuna Matata. Va a haber momentos donde tengamos que cambiarnos por metal, pero siempre existe la opción de ahorrar y cambiar de regreso. Bolas de plastilina que, regardless el color que te haya tocado, no te pierdas en forma o en cachos de tanta pinche plastilina. Por favor.
Los quiero mil… [A ti más]. Valen $1,000, …Nunca Cambien?
P.S. Mientras checaba errores ortográficos, pinky promis un wey con un display de él con los billetotes del Museo de Economía se conectó al mensajero. Ahh estos blog posts que salen de un universo tan conspirador.
Today’s Soundtrack:
Cambios extraños que hay en ti.
Y no hay duda alguna.
…Andaba de parranda!